….
Escucho
el latido de mi corazón en mis oídos. –Cálmate!- Pienso. –¡Debes concentrarte!
….
Caminando
con paso seguro me dirijo a su nueva puerta.
-No
es tan diferente ahora, solo esta unas casas más lejos- Entro sin llamar a la
puerta, y la veo sentada en el sillón abrazada a un cojín con la mirada
perdida.
-¿Es
eso común? ¿Conseguir a una ganadora de los juegos tan distraída?- Me detengo
con las manos ocultas en los bolsillos del pantalón mientras le sonrío. Al
escucharme voltea a verme y sonríe con malicia.
-¿Es
eso común? ¿Qué un chico entre en la casa de una asesina sin ser invitado a
pasar y se sienta tan seguro?
-Bien
dicho enana- Le digo mientras asiento y me dirijo a sentarme al otro lado del
sillón.
-Dime,
que se siente tener fama propia e independencia ¡Oh gran ganadora! Ilumina mi
oscurecida mente- Digo mientras me pongo cómodo.
-En
realidad no lo sé, si puedes creerlo. Aun no estoy segura de que todo esto es
real- Baja la mirada.
-Vamos
Mack, de veras ¿No te alegra siquiera un poco volver a verme?- Hago una mueca
de fingido dolor.
-Ni
un poco- Sonríe. -Eres un pesado con la mente oscurecida que no merece ser
iluminado- Lanza el cojín en mi dirección.
-Jajajajajaja
vamos, puedo denunciarte por agresión, todos me creerán lo que diga, ya sabes,
ahora que eres una asesina famosa- Tomo el cojín y lo alejo de mi rostro
mientras mi cara se vuelve seria. He cometido un terrible error al hablar sin
pensar.
-Lo
lamento Mack, soy un idiota- Me levanto del sillón y me dirijo a la puerta sin
siquiera mirarla.
….
Trato
de respirar con regularidad, pero mis pulmones parecen no aceptar el aire que
les envío.
-Si
sigo así terminare muerto antes por asfixia, sé que puedo controlarme- Suspiro.
….
-Vamos,
tienes que disculparte como se debe- Susurro ante su puerta dudando por un
segundo si debo entrar o no. –No seas cobarde- Suspiro, mientras giro la
perilla y entro lentamente sin avisar.
Un
dardo pasa volando cerca de mi rostro cuando la puerta hace un sonido sordo al
cerrarse. Mi cuerpo se ha quedado totalmente rígido mientras veo el dardo
clavado en la pared a una altura que de haber acertado me habría perforado el
oído. Volteo con cuidado a la sala donde se que esta ella, esperando ver su
rostro lleno de rencor por mi comentario de ayer. Trago grueso.
-Mack
yo…- No puedo siquiera terminar la frase, su ojos son una combinación de terror
y dolor mientras cubre su boca con las manos. -¿Mack?– La parálisis en mi
cuerpo se ha ido para dar paso a la preocupación por su estado. Me acerco y
arrodillo frente a ella para ver cómodamente su rostro.
-¿Qué
sucede?- Imagino que mi rostro es la imagen viva de la preocupación porque el
suyo ahora expresa lo mismo.
-Lo
siento- Decimos ambos a la vez, mientras ella baja la mirada y con las manos
cubre su rostro por completo.
-Fui
un idiota, no debí hablar sin pensar ayer, más aun, no debí irme de esa manera
sin siquiera disculparme como se debe- Me disculpo sin saber qué es lo que le
ha causado tal estado. -¿Quieres explicarme porque estas así? ¿Por favor?-
Ruego mientras mi voz se quiebra. No recuerdo haberla visto así en muchos años,
ni siquiera recuerdo haberla visto así alguna vez.
-Ese
dardo pudo haberte herido Price, yo…- Toma aire y descubre su rostro mientras
espero silencioso e inmóvil que continúe hablando. -… no lo sé, me quede
dormida mientras consideraba que quizás podría jugar un poco antes de dormir,
tuve una pesadilla, y de repente la puerta suena, fue solo un reflejo, no
quería atacarte de verdad- Su rostro refleja arrepentimiento y dolor.
-Pesadillas
con la arena- Digo más para mí que para ella, y suspiro mientras mi cuerpo se
relaja un poco. -No quiere matarme, solo tiene malos recuerdos y yo no ayudo
apareciendo como fantasma- Pienso.
-Lo
siento- Me dice con voz firme. Su rostro serio y su mirada firme en mis ojos me
dejan claro que lo dice en serio, esta arrepentida por su reacción, aunque solo
fuera un reflejo.
-Está
bien, no es como si no mereciera al menos el susto- Le sonrío esperando que mi
comentario pueda calmarla y que mi cara no delate que sigo muy preocupado por
ella.
-Quizás
tengas algo de razón en eso- Responde mientras trata de sonar despreocupada y
natural. Finjo creer que es así por un momento, se cuanto le gusta parecer bajo
control, aunque la preocupación se
apodera de nuevo de mi.
-¿Fue
tan malo como esperabas que sería?– Le digo en un tono bajo mientras me siento
a su lado.
-Peor,
mucho peor, pero eso ya no importa ¿O sí?– Dice mientras me ve a los ojos y su
boca forma una sonrisa irónica y triste. Y quedo sin saber realmente que debo
decirle, solo puedo continuar manteniendo su mirada tratando de pensar que debo
hacer ahora.
-Me
importa a mí, y eso me basta- Le digo mientras me encojo de hombros. Estoy a
punto de sonreírle cuando me doy cuenta que su rostro expresa algo más que no
logro identificar, y la preocupación domina mi mente de nuevo. Sé que ha notado
la interrogante en mi mirada porque se pone de pie y me da la espalda.
-¿Quieres
algo de tomar?– Pregunta mientras se dirige a la cocina. –Se me antoja algo
frio- Su tono despreocupado me molesta y me pongo de pie para alcanzarla. La
sujeto de la muñeca sin saber bien que decir, pero seguro de que lo que salga
de mi boca no será agradable.
-Detente
¿Quieres?- mi voz suena más fuerte y brusca de lo que habría querido pero la
molestia no me ha dejado controlarme. Jalo de su muñeca haciendo que se voltee
y quede frente a mí. Su rostro esta tenso tratando de darme a entender que mi
actitud la está molestando, pero su mirada me revela que lucha por mantener esa
expresión de dureza.
No estoy seguro de haberlo decidido, no sé si fue necesidad
de hacerle entender que todo estará bien ahora, o si quería hacerle entender
que fue insoportable para mi verla en la arena, o simplemente querer que
supiera que la extrañe demasiado. Pero al ver su mirada mi cuerpo se mueve
solo, y la abrazo con fuerza. Aunque ella no me abraza no puedo alejarme.
Probablemente ella intentara soltarse y alejarse, es lo único que mi mente
logra pensar. Así que me aseguro de no permitírselo y la abrazo con más fuerza.
-Te
extrañe- Suelto sin pensar en un susurro apenas audible. Y noto que no está
intentando alejarme, mi abrazo es correspondido. Suspiro lleno de alivio hasta
que oigo sus sollozos. Es la primera vez que la oigo llorar. Mi cuerpo se tensa
y me aferro a ella, ni siquiera puedo imaginar soltarla en ese momento.
….
-ESTO
NO TE AYUDA PRICE, ENTIENDELO DE UNA VEZ- Grito mientras noto que comienzo a
sudar frio.
….
-Date
prisa, llevo esperando media hora ¿Si en realidad no querías ir a correr para
que me hiciste despertar tan temprano?- Bostezo mientras estiro mis brazos. –En
serio enana, date prisa o me quedare dormido en tu sillón y te aseguro que no
podrás despertarme-
-Calma,
que pesado eres, en serio, solo me tarde dos minutos buscando algo con que
sostener mi cabello- Suelta un suspiro mientras me observa con expresión
divertida. –Esa ropa ¿En serio saldrás con eso puesto?-
¿Qué
tiene de malo?- Pregunto mientras observo mi franela con fingida inocencia. Una
gastada franela verde con hoyos por todos lados. –¿No te agrada el color? Pues
tengo otra debajo, supuse que podrías quejarte de esta así que tome
precauciones- Suelto con una risa contenida mientras me quito la franela
destruida.
-“Ella
es mi guardaespaldas, no te conviene molestarme”- Lee de mi franela y voltea a
observar mi rostro e intenta no soltar una carcajada. –¿De verdad crees que soy
tu guardaespaldas?-
-Por
supuesto- Suelto tratando de sonar serio aunque mi cara mantenga una sonrisa
que no podría contener aunque lo intentara.
-Pues,
tendrás que ser rápido si quieres que tu “guardaespaldas” te mantenga a su
vista, porque no pretendo detenerme a esperarte- Me suelta mientras me da un
pequeño empujón y se dirige a la puerta. La sigo de cerca sin poder contener la
carcajada por más tiempo.
-Lo
que digas enana-
….
-Es
la hora- Suelto mientras camino el poco trecho que hay entre mi inminente
destino y mi cuerpo. Me siento ingrávido e impulsado por la nada, pero sigo
caminando hasta llegar al punto que necesito y me permito cerrar los ojos y
suspirar con resignación al detenerme. –Odio sentirme encerrado- Pienso
mientras siento que el aire definitivamente a renunciado a intentar entrar en
mi cuerpo.
….
-¿Estás
aquí Mack?- Pregunto mientras entro a la casa. Al voltear a la sala la veo
dormida profundamente en el sillón aferrada con una mano al cojín más
cercano. -De nuevo no pudo dormir bien-
Pienso mientras suelto un suspiro que me ayuda a drenar la preocupación que me
causan sus pesadillas recurrentes. Me acerco sin hacer mucho ruido y me inclino
para observarla de cerca. Sonrío ante lo inocente que se ve dormida mientras
aparto un mechón de cabello de su rostro.
–Nadie pensaría que puede ser tan peligrosa, ni que de ella pudieran
surgir comentarios tan fríos e increíblemente crueles con tanta frecuencia- Pienso
mientras la observo dormir. Me siento frente al sillón recostando mi espalda de
este y me acomodo apoyando mi cabeza cerca de donde su brazo libre descansa.
–Supongo que podría dormir una siesta, no estaría bien despertarla- Pienso
mientras mis ojos se cierran.
….
Siento que me voy a desmayar mientras el mundo cambia a mi
alrededor, lo único que me mantiene en pie es la certeza de lo inevitable.
….
-¿Regresaras?
No quiero que lo hagas, esto no te hace bien- Le grito mientras el nerviosismo
se desvanece y mi ira va en aumento. Mis manos comienzan a temblar sin que
pueda detenerlas.
-No
te estoy pidiendo permiso Price, lo haré así no quieras ¿De verdad crees que
podría quedarme aquí sin hacer nada? No podría…- La miro a los ojos al oír que
se interrumpe. Su rostro es una mezcla de odio, desesperación y una profunda
tristeza, pero su mirada es firme y mantiene la mía, y me doy cuenta. Teme por
mí, y no puede soportarlo. -…no me perdonaría si no hago lo que pueda para
ayudarte, entiéndelo, no puedo simplemente ignorar la situación, no puedo
quedarme aquí sabiendo…-Se interrumpe de nuevo. Y una vez más no puedo evitarlo,
la acerco a mi cuerpo y la abrazo con firmeza.
-Está
bien, estoy bien, estaré bien- Le digo en un susurro, aunque no estoy seguro ni
un poco de que eso sea cierto. –Se que no podrías quedarte, se que harás lo
mejor por mi bien, solo me gustaría poder evitarte esta situación, lo siento,
lo siento- Siento sus brazos en mi torso, aferrándose a mis costados. Es la segunda
vez que la oigo llorar, y esta vez es mi culpa.
….
El sol me deja ciego unos instantes, mientras recupero la
vista noto que mi cuerpo tiembla de manera incontrolada, sacudo las manos
buscando controlarme y parece funcionar.
….
-Creo
que es la hora de despedirnos enana- Suelto mientras intento sonreír sin mucho
éxito. Noto la preocupación reflejada en su rostro y por sus ojos me doy cuenta
que lo mismo expresa el mío. –Extrañare molestarte- Le digo mientras me sitúo a
un paso de ella y coloco mi mano en su cabeza para despeinarla un poco. Noto
que su cuerpo se tensa y no puedo evitar sonreír. –Siempre le ha molestado que
le haga esto, no importa de qué humor este, siempre me dirá que soy un pesado
que no tiene nada mejor que hacer que hacerla lucir mal- Pienso mientras una
sonrisa se forma en mi rostro y ella toma mi mano con fuerza para apartarla. Le
concedo que lo haga mientras espero poder observar su expresión de fastidio
cuando mi mano ya no me lo impida.
Mi
sonrisa se borra al ver la expresión de su rostro. Las lágrimas contenidas en
sus ojos solo empeoran su mirada ruda y decidida, pero no estoy seguro que
significa, hasta que la veo acercarse a mí y mi corazón se acelera. Toma mi
rostro entre sus manos y solo puedo observar inmóvil la situación. –Te traeré
de vuelta sea como sea- Dice en un susurro. Apenas si logro entender sus
palabras, no puedo pensar o moverme mientras acerca su rostro al mío y me besa
tan suave que apenas si puedo creer que está sucediendo. Mis ojos se cierran.
Siento sus manos aferradas a mi cuello mientras separa sus labios de los míos.
–Te lo prometo- Suelta en un suspiro, mientras sus manos se sueltan. Abro los
ojos y solo puedo observar cómo se aleja de mí, sin poder detenerla porque mi
cuerpo no se mueve y no logro pensar.
….
-Estoy
listo- Digo en voz alta mientras recupero el control de mi cuerpo y mi mirada
se vuelve decidida. Adopto una postura cómoda para correr y respiro
controladamente. –Estoy decidido, haré lo que necesite para regresar, y sé que
tu intentaras con todas tus fuerzas que regrese a casa, daré lo mejor de mí
porque sé que tu también lo harás, así ninguno podrá arrepentirse de nada, pase
lo que pase- Pienso mientras mi rostro se vuelve serio, y espero escuchar el
sonido que hasta hace un minuto temía.
Suena
el gong y solo puedo pensar “Que comiencen los juegos del hambre” mientras
comienzo a correr.